lunes, 3 de octubre de 2011

Con la imaginación al poder


"Era un joven ambicioso y decidido", decía el pueblo parisino. Jean Pear Le Mont, tenía 22 años cuando decidió hacer oír las proclamas de los estudiantes en el mes de Mayo de 1968.
El estaba decido a cambiar el mundo. Tenía ideales convincentes y sabia lo que buscaba. Había nacido en una casa de clase media, solo tenía a su madre, su padre había sido enviado a la segunda guerra mundial en 1939 y jamás regreso. El dolor de la perdida y sus ansias de justicia teñían su personalidad. El dinero no era abundante, pero por medio de su trabajo logro en 1967 comenzar sus estudios de sociología en la Universidad de Nanterre, sin imaginar que allí sus metas se iban a materializar.
Su poder de persuasión era sorprendente, sus  palabras retumbaban en la mente de quienes lo oían, su nombre se divulgaba entre todos los estudiantes, llegando a ser, por entonces, reconocido como un popular dirigente estudiantil. Sin embargo los tiempos comenzaron a ser críticos; se vivían días en los cuales París ponía en tela de juicio las bases sociales y económicas vigentes, como ser el modo de producción, la jerarquización, la función del estado, la institución y familia. Surgia una creciente inquietud entre los estudiantes franceses, por el sistema universitario y  al mismo tiempo, diversos grupos inspirados por las ideologías anarquistas, trotskista y maoísta, manifestaron su oposición a la sociedad capitalista y al comunismo.
Todos esperaban que su líder hiciera algo, estaban agobiados y querían tomar cartas en el asunto, las directivas de Jean Pear marcarían el camino, pero él se preguntaba así mismo, ¿cómo empezar?.
Se encontraba frente al sueño de su vida “poder cambiar la realidad para muchos” creía que tardaría años en lograrlo, pero no, allí estaba frente a sus ojos esa puerta que lo conduciría a la meta, ahora temía, no quería defraudar a quienes confiaban en él. ¿Sería capaz de asumir la responsabilidad?.
Era una noche cálida de mayo y no lograba dejar su mente tranquila, cuando alguien llamó a la puerta. Apresurado se dirigió a abrir, pensó que era su viejo amigo Antoine, quien lo ayudaría a disipar algunas dudas, pero para su sorpresa, no era él, sino Madeleine.
Ella era un muchacha de 20 años, delgada, con el pelo corto y rubio, su aspecto era sencillo, pero su familia tenía un excelente pasar y no apoyaban su relación con Jean Pear. Ellos habían compartido juntos inolvidables días, eran novios hacia un año; su madre aun no la conocía, pero él le había hablado maravillas de ella.
Ahora al verla parada frente a su puerta, con un llanto incontrolable, no supo que ocurría, ella se abalanzo a sus brazos, sin decirle nada, solo la sostuvo y la abrazo.
Ellos compartían todos sus sueños y secretos, no imaginaba que le podía haber sucedido, pensó - quizá riñó con su padre, o tal vez discutió con su mejor amiga, o a caso ¿se habría enamorado de otra persona?. Entonces se quedo callado, solo se escuchaba el lamento.
Decidió alejarla de su pecho y ella mirándolo a los ojos dijo – Estoy embarazada – el silencio invadió la pequeña y humilde habitación, ya no se escuchan los ruidos de la ventana que daba a la calle, su mente ya no lo perturbaba con el ideal de revolución, esto definitivamente no estaba en sus planes.
-¡Háblame, por favor!- le suplico ella
-No  se qué quieres oír de mi – dijo él y se arrojo hacia atrás
Ella entró y cerro la puerta, ya no lloraba, sus mirada se mezclaba entre el desconcierto y la ira - ¡Decime algo ya! Replicó-
Jean Pear respiro hondo, hizo una mueca con sus labios y expreso - será la persona por la que luchare. El silencio volvió, un instante mágico había cambiado su vida.
El día siguiente ya no fue el mismo, convoco a los estudiantes, se necesitaba un cambio profundo para democratizar la enseñanza,  su plan era atacar el sistema establecido de manera radical, con el lema “Seamos realistas, pidamos lo imposible” miles de adeptos unieron sus ideales. Era el dos de mayo de 1968, y la universidad de Nanterre no abrió sus puertas, con este método las autoridades querían reducir los reclamos estudiantiles.
Jean Pear se convirtió en el líder del movimiento, el tres de mayo fue el día clave, encabezando la manifestación antiimperialista el mundo se hizo eco y voz del reclamo.
La situación comenzó a empeorar, el rector Roche, pidió a la policía que desaloje la universidad, que se encontraba tomada por las distintas asambleas estudiantiles, la violencia fue extrema, y la represión asesino a varios compañeros de lucha.
Los días eran largos, pero no se daría por vencido, la actual y  las nuevas generaciones se lo iban a agradecer.  El lunes seis se anuncio el cierre de todas las facultades de Paris, lo que parecía una incertidumbre para él, ahora era una realidad y las calles se encontraban colmadas de jóvenes que junto a sus ideales revolucionarios, arremetieron contra lo establecido. La enseñanza era un legado del feudalismo, que debía ser reemplazado.
La revolución se extendía por toda la ciudad, las calles parecían un campo de batalla, se incendiaron autos, se hacían sentadas barricadas y los heridos comenzaron a ser cada día más y en grave estado.
Jean Pear estaba convencido que la victoria llegaría pronto, pidió el apoyo de los trabajadores, este nivel marcó el futuro de la revolución, que amenazaba con una huelga general. Sin embargo era el lunes trece de mayo y aun no había resultados convincentes.
El movimiento alcanzo a todo el conjunto de la sociedad, paralizando la vida económica  por el cese de actividad en las industrias, entonces la realidad que los estudiantes creían se avecinaba, comenzó a marcar sus rupturas, el dirigente sindical se separo de la acción. Con la perdida del apoyo de los trabajadores, el fracaso parecía inminente.
Jean Pear se encontraba nuevamente solo en su habitación, miraba por la venta hacia la calle, el caos cubría toda su visión y su mente. Las últimas noticias no eran alentadoras, esa tarde había escuchado al presidente Charles de Gaulle, decir que convocaría a elecciones para los próximos cuarenta días y seducía a los obreros con promesas de mejoras salariales. Debía insistir, no se rendiría, quería lograr su objetivo.
En la mañana del diecinueve de mayo se levanto temprano y se dirigió al ultimo enfrentamiento, claramente había perdido el poder, las autoridades quería apagar como fuese los focos de la rebelión, estaban dispuesto a darle un fin a aquella situación.
En la lucha un proyectil se dirigió al corazón de la pelea, Jean Pear cayo instantáneamente y nada pudieron hacer sus compañeros para salvarlo.
Ese día el cielo se cubrió de oscuridad y la revolución se detuvo, pero las consignas de sus ideales quedaron en la memoria colectiva de millones de personas y condicionaron el desarrollo ideológico europeo del siglo XX. 
Ficción- Autora: Melina Meiners