jueves, 8 de marzo de 2012

Crónicas Cotidianas

“Sin pausa pero sin prisa…”  canta Rosana en una de sus canciones, y aunque, confieso, intento seguir esa filosofía de vida, en muchas ocasiones siento que el día tiene 25 horas, sin poder tener un instante de tranquilidad.
Las responsabilidades parecen lejanas el fin de semana, sin embargo desde las primeras horas del lunes, la agenda asecha, el reloj despertador suena muy temprano, y te encontras con varias personas, que transcurren su día, a “cara de perro”.
Pero nada de eso parece afectar la jornada, que de tan agitada, ya ni se preocupa en mirar a los demás. ¿Qué nos está pasando?
No obstante, el lunes no es el unico responsable, ya que ni siquiera a mitad de semana, la gente se relaja. Un ejemplo es lo que sucedió esta mañana.
Subó al colectivo, que a las 7 de la mañana se llena de chicos que van al colegio, padres cansados, y ancianos que salieron temprano. El amable conductor saluda con un cordial “buenos días” que solo algunos responden.
Un chico, con no más de 8 años, se sienta en el primer lugar para dos, a su lado una mujer de 80 años, gran diferencia, pero ambos con el derecho a viajar sentados. De repente arriba un anciano, con grandes dificultades de movilidad. Una mujer, también mayor, que estaba en el segundo asiento, se para y le da su lugar; automáticamente la mujer del primer asiento se levanta ofuscada, le grita al chico de su lado, le dice que “esos lugares son para los mayores, que no sabe respetar y que ella es quien va a dejar su asiento a dicho anciano”
El nene sin entender que sucede, mira a la mujer y le dice “está bien, siéntese” sale de su lugar y se va hacia el fondo; ella no se conforma, y no solo no se sienta, sino que decide viajar parada – dejando el lugar libre – y continúa comentando a viva voz, que opinión acerca del menor. Por su parte la gente del fondo, que vio lo ocurrido, comienza a defender al chico, sin decirle nada directamente a la mujer, comentan, de la misma manera, su opinión.
Imagínense que intentar terminar de leer los apuntes, antes de llegar a la facultad, resulto imposible.
Por fortuna faltaba poco para bajarme, pero mi cabeza estaba tensa, tenía sueño y un chillido que taladraba mi cerebro. Esa gente alterada, y sus ganas de hacer catarsis en cualquier lugar, lograron activar en mí, un fuerte dolor de cabeza.
En la facultad, los grupos políticos quejándose, carteles, banderas, y la profesora apurada. Y sí más gente que todavía padece la semana. No encuentran en esas rutinas una pasión, no hallan un hora de descanso, saben que el día empezó y no hay miras de poder deterse.
Por razones de tiempo tengo que comer algo rápido, para poder continuar con mis tareas, en el camino pasé por un bar, era un lugar muy lindo, pero cerrado, en sus amplios ventanales reflejaba la luz del sol, pero en todos ellos había, no solo stikers de ofertas y descuentos con la tarjeta de crédito, sino que además informaban con letras mayúsculas, que tenían “CONEXION WIFI”.Por lo visto lo más importante.
Pude contar un promedio de 20 notebook, sus usuarios comían sin mirar el bocado, pero bajo ningún motivo perderían la vista del monitor. Y otra vez me pregunte ¿Que nos está pasando?.  
Se supone que están en su hora de descanso, tiene que poder alimentarse sin preocupaciones, porque la comida les va a caer mal y prefiero no pensar de que manera realizan la digestión. Después se convierten en víctimas del stress, con todas las consecuencias que este trae.
Si, sé que no es fácil vivir en estos días con tranquilidad, siempre por algún motivo estamos en alerta, apurados y preocupados.
En esa prisa, muchas veces, nos olvidamos de ver lo importante, porque no siempre lo urgente es lo necesario, y dejamos relegadas esas pequeñas cosas que llenan el corazón. Que incluso no demoran más de 5 minutos, por ejemplo, dar un abrazo, un beso, una charla común ¿por qué parece que no existe ni ese tiempo para decir, te quiero?.
Pará, paremos, el día definitivamente no tiene 25 horas, no podes estar todo el día trabajando, estudiando o haciendo trámites. Mira a tu alrededor, esa es la felicidad, las personas que te rodean, ellos están ahí, siempre, aunque por la velocidad los pases de largo.
Todo lo demás, lo debemos hacer, es correcto, una obligación, pero hagamos que esos compromisos tengan el lugar que se merecen y recuerden la frase de John Lennon "La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes”.
No hace falta un reloj, ni un calendario para entender cuando es la hora exacta para amar, reír y llorar, eso lo entiende el alma, que nos alumbra el camino, que logra cambiar el ritmo de lo cotidiano con la luz de quienes nos acompañan día a día. Así que vivamos el presente con amor y seamos felices.

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